Serxu Solares @serxusolares
Hay vinos que nacen en la viña y otros que parecen nacer de la paciencia. Doce y Uno, elaborado por Bodega El Lomo, pertenece a esta segunda categoría.
Es uno de esos vinos que obligan a detenerse, a olvidarse de la prisa y a entender que algunas de las cosas más extraordinarias de la naturaleza suceden cuando nadie las está mirando.
En Tenerife, donde las viñas crecen entre laderas volcánicas y la influencia constante del océano Atlántico, el vino forma parte del paisaje desde hace siglos.
Sin embargo, elaborar un gran vino dulce en estas condiciones exige algo más que buenos viñedos.
Requiere intuición, experiencia y una confianza absoluta en la materia prima. Doce y Uno es precisamente el resultado de esa filosofía.
Una bodega con raíces en la tierra volcánica
Hablar de Bodega El Lomo es hablar de una de las familias que mejor ha sabido interpretar el carácter de la viticultura canaria contemporánea.
Situada en Tegueste, en el norte de Tenerife, la bodega ha construido su trayectoria alrededor de una idea sencilla: respetar el origen.
Mientras otras regiones vinícolas han encontrado en la uniformidad una ventaja comercial, El Lomo ha apostado por la singularidad.
Sus vinos reflejan la personalidad de una isla marcada por los contrastes, donde la altitud, la cercanía del mar y la naturaleza volcánica de los suelos crean condiciones imposibles de reproducir en cualquier otro lugar del mundo.
A lo largo de los años, la bodega ha trabajado para recuperar y poner en valor variedades tradicionales, convencida de que el futuro del vino canario pasa precisamente por preservar aquello que lo hace diferente.
El origen de un vino singular
El nombre Doce y Uno posee una musicalidad casi misteriosa. Como sucede con muchos vinos especiales, detrás de él existe una historia vinculada al tiempo, a la espera y al equilibrio.
Este vino nace de racimos seleccionados que permanecen en la planta hasta alcanzar una madurez extraordinaria.
Durante ese proceso, las uvas concentran lentamente sus azúcares, sus aromas y toda la riqueza que posteriormente aparecerá en la copa.
No se trata de buscar únicamente dulzor.
El verdadero desafío consiste en conservar la frescura necesaria para que el vino mantenga tensión y elegancia..

Un vino que cuenta una historia
Doce y Uno no es un vino pensado para beber con prisas.
Es un vino de sobremesa, de conversación pausada y de pequeños descubrimientos.
Representa una forma de entender la viticultura donde la paciencia sigue teniendo valor y donde el tiempo continúa siendo uno de los ingredientes más importantes.
Doce y Uno 2021
- Variedades: Listán blanco fundamentalmente y otras variedades seleccionadas de vendimia tardía
- Crianza: 12 meses en barricas de roble francés
- Tipo: Vino naturalmente dulce
- Botella Catada 70 cl.
- Degustación a 6ºC
- Grado Alcohólico: 13% vol.
- Zona: Denominación de Origen Protegida Islas Canaria
- NOTA DE CATA: Dorado brillante con reflejos ambarinos. Compleja nariz con notas claras de de albaricoque seco, membrillo, miel, piel de naranja confitada y matices de vainilla y frutos secos. En boca es sabroso, sedoso y perfectamente equilibrado. La dulzura inicial da paso a una refrescante acidez atlántica que prolonga el recorrido y aporta elegancia. Final largo, persistente y ligeramente mineral.
- CALIFICACIÓN: 91 – Vinos naturalmente dulces
PVP Aproximado: 30 €
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