Bárbara Rodríguez Lisboa no se visita, se saborea. La capital portuguesa es una ciudad que entra primero por el olfato: el aroma del café recién molido, el bacalao confitándose lentamente, las sardinas asándose en parrillas improvisadas y el dulzor inconfundible de los pastéis de nata saliendo del horno. Situada frente al Atlántico y moldeada por…